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En este episodio de Dear Friend, We Listen dentro de Proyecto Co., escuchamos a César Zoe Tapia (César Zoe), joven de 17 años del Estado de México (Nezahualcóyotl/Neza), hablar de identidad, pronombres, representación en medios y periferia: cómo se vive, se resiste y se construye orgullo desde los márgenes.
La conversación está atravesada por una idea central: una nunca deja de transicionar. No como punto de llegada, sino como un proceso vivo en el que cambiamos, aprendemos y nos habitamos de nuevas maneras. También aparece una postura poderosa sobre el cuerpo: elegir la aceptación, sostener la autonomía y resistir las narrativas que exigen vergüenza.
Agradecemos especialmente a Brenda Villegas, quien lidera la iniciativa de Niñez y Juventud en Ashoka México, Centroamérica y el Caribe; es cofundadora y directora de Conciencias Unidas A.C.; y forma parte de la red global juvenil Global Changemakers.
También agradecemos a Mauricio Canedo, Coordinador General de la Comunidad de Emprendedores Sociales Bolivia (CESBO), Ashoka Fellow y copresidente de Catalyst Now, por su apoyo y acompañamiento para hacer posible este episodio.
Una producción de Efecto Colibrí.
Voz y guión: Ana Amrein · Sonido: Gonzalo Díaz · Diseño gráfico: Valentina Bertoni
Más historias que regeneran en www.efectocolibri.com
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En este episodio de la miniserie “Dear Friend, We Listen” dentro del podcast Proyecto Co., abrimos espacio a la voz de César Zoe Tapia (César Zoe), joven de 17 años del Estado de México (Nezahualcóyotl/Neza). Desde la periferia que existe y resiste, César Zoe comparte su experiencia de identidad, pronombres, representación en medios y el proceso —continuo— de transicionar y habitarse.
Temas que aparecen en el episodio:
Identidad no binaria y experiencia trans
Pronombres y lenguaje como reconocimiento
Periferia: contexto, violencia cotidiana y resistencia
Representación trans en medios (impacto y riesgos)
Cuerpo, autoestima y rechazo a narrativas de odio
Escucha intergeneracional y educación
Querida y querido colibrí, espero que tú y tus seres queridos estéis bien. Paso por aquí, antes de que sigas escuchando este episodio, para compartirte que tiene un contenido diferente al que venimos produciendo en Proyecto Co. Para nosotras, está directamente relacionado con la innovación social porque pone en evidencia los problemas que queremos resolver.
Con el panorama mundial que nos presenta la vida, no podíamos seguir como si nada. Por eso hemos decidido crear Dear Friend, We Listen, que se traduce al español como “Como amiga, te escuchamos”: una miniserie de capítulos sueltos en los que personas cuyas historias han sido desplazadas a la periferia alzan su voz. Nuestra intención es cambiar las narrativas y movilizar una realidad más justa, inclusiva y regenerativa. Esperamos que te guste.
En este último episodio de la temporada 10, abrimos espacio para una voz joven, valiente y muy clara. César Zoe Tapia (César Zoe) tiene 17 años, vive en el Estado de México y desde ahí —desde la periferia que existe y resiste— nos cuenta cómo ha sido crecer en un entorno donde a veces toca caminar con cuidado, mirar atrás y, aun así, seguir construyéndose con orgullo.
Zoe nos habla de su identidad como persona no binaria; del peso y la importancia de los pronombres; del impacto de la representación en los medios; y de esa idea poderosa que atraviesa todo: una nunca deja de transicionar, porque somos personas que cambiamos, aprendemos y nos habitamos de nuevas formas.
Yo me llamo César Zoe y, hace poco, porque creo que uno nunca deja de transicionar, me di cuenta de que soy una persona no binaria. Así que prefiero Zoe. Bueno… yo soy Zoe. Tengo 17 años. Soy de Nezahualcóyotl, en el Estado de México, que es conocido como el “establo de México” porque dicen que es como un ranchito.
Entonces yo vivo en Neza. No estoy tan lejos de la Ciudad de México. Sin embargo, las diferencias entre Ciudad de México y Estado de México sí son bastante grandes. Estoy muy cerca de un canal de aguas negras y de un vertedero de basura. Entonces, a veces, a cierta hora del día huele a basura.
Hay mucha gente; hombres, más que nada, hombres… heterosexuales, viviendo, fumando ahí sobre la banqueta. La policía casi no hace nada. Los carros no te dejan pasar. Hay muchos baches. Uno tiene que estar volteando atrás cada cierto tiempo para ver que no lo vengan siguiendo, y preparar las llaves antes de llegar a casa para abrir en cuanto llegues.
Crecí en una familia nuclear pequeña: con mi papá, mi mamá, mi hermana y yo. Y fui el menor. De hecho, de toda mi familia, de todo mi árbol genealógico, yo soy el más pequeño. Y la economía de mi familia se ha ido moviendo para bien gracias al esfuerzo de mis papás y de mi hermana, que es mayor que yo.
En este momento somos muy afortunados porque hubo un gran cambio desde cuando era niño, que vivíamos como tres familias en una casa. Y la gran diferencia que trajo esto fue que, por suerte, mi mamá tenía un amigo que vendía casas y le ofreció esta casa —en la que ahora estoy viviendo— a mi mamá a un precio bastante accesible.
Iba a ser una casa solo para nuestra familia. Algo que yo recuerdo con mucho cariño de la infancia es que los fines de semana podíamos reunirnos en la sala. Estaba mi abuela, mi tía, mi mamá, mi papá, mi hermana. Y comprábamos hamburguesas y nachos. También comprábamos películas de tres por quince pesos y nos íbamos a la sala a comer mientras veíamos esas películas.
No sé: te alejas un poco de la familia, empiezas a salir más… y te empiezas a dar cuenta de cosas que no están tan padres, que de niño no veías.
Soy prieto, soy joto, soy chaparro; igual tengo varias perforaciones. Entonces, básicamente, las señoras me ven caminando por la banqueta y se cambian de banqueta.
Ahorita voy en prepa; ya voy a salir. Voy en sexto semestre, tercer año. Para entrar a la universidad quiero estudiar Psicología y quiero ser investigador sobre estos temas de género, que creo que hace mucha falta difundir.
Yo siento que uno nunca deja de transicionar. No me gusta ver la transición como ir de punto A a punto B y ya. Cambiamos todo el tiempo.
Durante la pandemia, en el auge de TikTok, conocí a un creador de contenido que era un chico trans. Yo ya había dicho que era lesbiana, pero no había metido completamente la lupa en mi identidad de género hasta que lo conocí. Busqué “hombres trans” en YouTube y, aunque yo tenía doce, pensé que “me tenía que esperar”.
Pero después de descubrirlo ya no pude seguir ocultándolo. Desde niño mi ropa era masculina. Y antes de la pandemia yo había creado un personaje llamado Daniel: me ponía una sudadera floja, ocultaba el pecho, me amarraba el cabello, me ponía un gorrito y usaba pants. Un día, mis compañeras pensaron que yo era un hombre. Yo dije: “Danny”. Luego: “No, es cierto, soy Zoe”. Y ellas: “Ah… no manches”. Sentirme percibido así me hizo sentir muy feliz.
Con el tiempo, me apropié más de mi identidad. También hablo del deporte y de cómo la falta de empatía puede excluir. Hablo de familia, de religión y de dolor; y de cómo poner límites también es cuidarse.
Para mí los pronombres importan porque forman parte de la identidad. Entender que cambian, que fluyen. Si tienes duda, es mejor preguntar.
Llegó un momento en que descubrí que ya no me identificaba como hombre: no fue por lo que dijera la gente, fue algo interno. Me di cuenta también en pequeñas escenas cotidianas. Con el tiempo, entendí que me siento más cómodo siendo una persona no binaria, aunque sea más difícil de explicar, y aunque el mundo no “lea” esa identidad en la calle.
Hablo de representación trans en medios: de lo injusto o violento que puede ser, pero también de cómo, a veces, una referencia abre conversación.
Yo no quiero una operación de reasignación. Amo mi cuerpo. Mi transición es aceptarme más: a veces masculino, a veces femenino, a veces sí, a veces no. Lo importante es la autonomía sobre mi cuerpo.
Y cierro con una idea que me sostiene: la periferia existe y resiste. No avergonzarnos de dónde venimos. Aquí donde vivimos también podemos armarla. ¡Que viva la periferia!
¿Cuál es la historia real? ¿Qué historia decides escuchar? Las historias tienen el poder de transformar nuestras realidades. Desde Efecto Colibrí, estamos comprometidas con el Zeitgeist —el espíritu del tiempo—, que nos pide crear una narrativa en la que utilicemos la innovación social como herramienta para nuestra evolución como sociedad.
Soy Ana, y esto es Dear, una producción de Efecto Colibrí. Un gracias enorme a Marcela González en el guion, Gonzalo Díaz en sonido y Valentina Bertoni en diseño gráfico. Escucha más historias que regeneran en www.efectocolibri.com o escríbeme a ana@efectocolibri.com.