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Hablamos con Vicky Mateo, facilitadora y guía de escuelas de bosque en Cataluña, sobre una forma de educar que devuelve a la infancia su lugar natural: el bosque. Ella nos explica qué es la pedagogía de escuela de bosque, por qué el riesgo bien acompañado es esencial para crecer, y cómo la naturaleza enseña comunidad, autonomía y pertenencia de una manera que ningún aula puede replicar. Una conversación que invita a repensar la educación desde lo más ancestral y regenerativo.
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¿Es posible educar fuera del aula tradicional? En este episodio de Regenerando, exploramos una alternativa educativa que está ganando fuerza: las escuelas de bosque. Hablamos con Vicky Mateo, facilitadora y mentora de prácticas de conexión con la naturaleza en Cataluña, quien nos comparte su experiencia liderando este proyecto educativo.
Las escuelas de bosque no son simplemente «salidas al campo». Se trata de una pedagogía donde el aprendizaje surge del interés del niño o la niña, desarrollado íntegramente en entornos naturales.
Vicky explica que el origen de este modelo se basa en dos pilares fundamentales:
«No quiero que mi hija nazca en medio de algo preparado. Quiero que nazca en medio de lo natural, de la realidad tal y como te la encuentras», comenta Vicky.
Uno de los conceptos más revolucionarios de esta pedagogía es la distinción entre riesgo y peligro. En nuestra sociedad actual, tendemos a envolver a los niños en «algodón», eliminando cualquier desafío. Sin embargo, las escuelas de bosque fomentan el riesgo bien acompañado.
Mientras que el peligro debe evitarse, el riesgo es necesario para el crecimiento. Enfrentarse a una escalada, cocinar con fuego o lidiar con la lluvia enseña a los niños:
El bosque enseña lecciones que un aula cerrada no puede ofrecer. En la naturaleza, los niños dependen unos de otros para sobrevivir y estar cómodos. Si olvidas la chaqueta, dependes de que un compañero te preste la suya; si llueve, necesitas al grupo para montar un toldo.
Esto fomenta una consciencia de comunidad real. Los niños aprenden que son codependientes y que cada miembro del grupo tiene algo valioso que aportar, ya sea saber hacer nudos, reconocer especies o simplemente animar al equipo.
A pesar de sus beneficios, las escuelas de bosque enfrentan barreras importantes:
Sin embargo, Vicky asegura que todos los aprendizajes curriculares ocurren en el bosque. Las matemáticas se practican calculando la longitud de los troncos para una cabaña; la lectoescritura surge del deseo de leer instrucciones para usar herramientas; y la motricidad fina se desarrolla tejiendo o tallando.
No es necesario vivir en el bosque para conectar con la naturaleza. Vicky comparte algunos rituales sencillos para familias:
Para Vicky, ser emprendedora en este sector requiere una disciplina férrea de autocuidado. Su rutina incluye caminar una hora cada mañana por el bosque, cocinar lentamente durante una hora y media al día, y realizar retiros mensuales de varios días durmiendo en la naturaleza.
«Soy tan creativa cuando estoy regenerada. Para mí, el autocuidado no es un lujo, es una necesidad básica para poder ofrecer lo mejor a los demás».
Las escuelas de bosque representan más que una alternativa educativa; son un recordatorio de nuestra esencia ancestral y nuestra pertenencia al ecosistema. Ya sea como modelo completo o como complemento a la educación tradicional, esta pedagogía ofrece herramientas vitales para criar seres humanos autónomos, resilientes y conscientes de su entorno.