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¿Qué pasa cuándo no hay resiliencia comunitaria? ¿Cuándo los conflictos de un territorio no se resuelven? Se convierten en urbanismo, en carreteras, en economía. En esta conversación hablamos de cómo transformar la gobernanza local desde dentro, por qué las grandes soluciones generan grandes problemas, y cómo el conflicto bien gestionado puede ser el motor de evolución de una comunidad.
Y un dato que no esperabas: donde la gente siente que sus decisiones cuentan, la salud mental de la juventud mejora. La esperanza también se regenera.
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Durante más de dos décadas, Òscar Gussinyer ha transitado un camino que va desde el activismo de calle hasta la transformación profunda de las instituciones. Cofundador de la cooperativa Resilience Earth en La Garrotxa (Cataluña), Òscar ha dedicado su vida a entender que el cambio sistémico no ocurre solo enfrentándose al sistema, sino entrando en él para modificar su ADN desde dentro.
Su trayectoria, marcada por experiencias en brigadas de paz en Colombia y un profundo estudio de la permacultura y la no violencia, le ha llevado a una conclusión fundamental: para regenerar el territorio, es necesario regenerar primero la forma en que tomamos decisiones.
El viaje de Òscar comenzó en la adolescencia, defendiendo el territorio frente a grandes infraestructuras. Sin embargo, con el tiempo surgió una pregunta clave: ¿cómo lograr cambios duraderos si las administraciones públicas no colaboran? La respuesta fue fundar Resilience Earth, una cooperativa sin ánimo de lucro diseñada para acompañar a gobiernos locales y al movimiento cooperativo en su transición hacia modelos más resilientes.
«Nos dimos cuenta de que era más eficiente incubar equipos de gobierno con voluntad de cambio que intentar convencer a quienes no la tenían», explica Gussinyer. Su enfoque no busca imponer soluciones, sino dotar de capacidades a los servidores públicos para que puedan gestionar la complejidad actual mediante una gobernanza abierta y distribuida.
Uno de los pilares centrales de la filosofía de Resilience Earth es la relectura del conflicto. Lejos de verlo como algo negativo que debe evitarse, Òscar y su equipo lo consideran una «tensión generativa» esencial para la evolución de cualquier comunidad.
«En una comunidad rural no hay un propósito único común, salvo el territorio mismo. El conflicto es la energía que nos obliga a evolucionar. La clave no es eliminarlo, sino gestionarlo de forma creativa y no violenta», señala.
Este enfoque se basa en distinguir entre el conflicto dramático (destructivo) y el conflicto creativo. Cuando una sociedad aprende a transitar el miedo hacia la atracción por lo diferente, el conflicto se convierte en una herramienta de aprendizaje profundo. Esto es crucial en tiempos de polarización, donde los conflictos no resueltos terminan «planificando» el territorio de manera inconsciente, generando guetos y fracturas sociales.
Otro concepto clave que desarrolla Resilience Earth es la biorregionalización. Para Òscar, esto no se trata simplemente de dibujar nuevos mapas basados en cuencas hidrográficas, sino de entender el territorio como un sistema vivo interconectado.
Utilizando las Unidades de Paisaje de Cataluña como piezas de un lego flexible, proponen una articulación territorial que respeta las identidades locales sin caer en aislamientos provincianos. «La biorregionalización nos permite trabajar con una lógica donde la única constante es el sitio, y todo lo demás (economía, energía, soberanía alimentaria) son variables que deben adaptarse a esa coherencia local», afirma.
Este enfoque desafía las estructuras jerárquicas heredadas del pasado, sugiriendo una democracia post-ideológica centrada en el territorio y en la resolución práctica de retos compartidos, más allá de las etiquetas políticas.
Ante el dilema de crecer o mantener la esencia, Resilience Earth optó por un modelo innovador: el cooperativismo de segundo grado. En lugar de aumentar desmesuradamente el número de socios en una sola entidad, han creado una estructura de «órganos» interconectados.
Este ecosistema incluye cooperativas especializadas en formación (Balcà), consultoría regenerativa y agencia creativa, sumando a más de 200 personas en una red colaborativa. Esto permite escalar el impacto manteniendo la agilidad de grupos pequeños y la autonomía de cada nodo, demostrando que es posible ser grandes sin volverse burocráticos.
Finalmente, Òscar hace una reflexión honesta sobre el cuidado personal en el activismo. Reconociendo que su generación a menudo normalizó el sacrificio y el agotamiento, hoy promueve una cultura donde el bienestar individual es prerequisite para la salud colectiva.
«Si no nos cuidamos, no podemos traer lo mejor de nosotros mismos al mundo», admite. Desde la cooperativa, están aprendiendo de las generaciones más jóvenes que el cuidado no es un lujo, sino una estrategia de resistencia y eficiencia a largo plazo.
La visión de Òscar Gussinyer y Resilience Earth nos invita a abandonar la búsqueda de «grandes soluciones» globales que a menudo generan nuevos problemas sistémicos. En su lugar, proponen la multiplicidad de micro-soluciones adaptadas localmente, que emergen de una ciudadanía empoderada, capaz de gestionar sus conflictos creativamente y de co-diseñar un futuro regenerativo.
Para conocer más sobre sus proyectos, formaciones y la comunidad de aprendizaje Balcà, puedes visitar el sitio web oficial de Resilience Earth.